El cuerpo humano almacena energía a largo plazo en los lípidos: estas son grasas y aceites. Los lípidos contienen enlaces que se pueden romper para liberar mucha energía. La energía a corto plazo se almacena en carbohidratos, como azúcares. Un ejemplo de esto es la glucosa. Sin embargo, la glucosa es una molécula grande y no es la forma más eficiente para que el cuerpo produzca energía rápidamente. La forma más común de energía de la célula es el trifosfato de adenosina (ATP). Esta es una molécula que consiste en una molécula de adenina, con un azúcar de 5 carbonos unido a tres grupos de fosfato. La energía en ATP se almacena en el enlace entre el segundo y el tercer grupo. Cuando esto se rompe, se libera energía y la molécula se convierte en ADP o adenosín difosfato. El ATP no almacena mucha energía, de hecho, la glucosa almacena alrededor de 90 veces tanta energía como el ATP.
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