Fui un teleadicto toda mi vida. Siempre flaco, pero también siempre sedentario.
Un libro era mucho más interesante que una ronda de correr o lo que sea.
Todo eso cambió cuando llegué a la edad mathusalemica de 25 años y aprendí a nadar. La espina cervical de un lector no es envidiable, pero la natación parece retrasar las horas al extenderlo todo de nuevo y trabajar todos mis músculos. Me muevo mejor y respiro mejor. Soy un teleadicto cambiado 🙂