Aquí hay un pequeño poema que los médicos usan si eres
Grasa, cuarenta, mujer y aplastante. Mis cálculos biliares se sintieron como un cuchillo que atraviesa mis costillas y me deja sin aliento. Seguía empeorando, pero aún no tenía cuarenta años, pero me hicieron una ecografía y tuve una vesícula biliar llena de piedras. Parecían dos pirámides pegadas en sus bases y eran tan grandes como un dado. Pero no tuve pancreatitis, gracias a dios y me recuperé genial.